Hace unos años prácticamente todo el mundo, compraba día sí día también un periódico. Uno, solo uno. Había quienes eran más partidarios del de Pedro J, otros eran fieles a El País, otros le daban a ABC o La Razón. No incluyo a los diarios deportivos (que son un tema aparte) puesto que no tienen nada que ver con estos de información general: política, deportes, economía, sociedad, internacional, cultura, etc. Nos encontramos ahora mismo en diciembre de 2011, en plena era informática donde podemos acceder a con una facilidad extrema a la ventana hacia el mundo que supone internet. Todo el mundo puede opinar, todo el mundo puede decir lo que quiera, bajo su nombre real o un pseudónimo. Y respecto a la información, pocos son los que mantienen la costumbre de leer a un único informador. Si no es así, estaré gratamente sorprendido.
Con un simple click podemos acceder a la pestaña de favoritos de nuestro navegador y entrar a las ediciones digitales de diarios nacionales e internacionales. ¿Cuántos compraban antes 5 periódicos cada día? Sed sinceros: solo en los bares encontrabas distintos medios de información. Es cierto que es una maravilla el poder tener a tu alcance los distintos puntos de vista de un mismo suceso, el intrigarse por si es como nos lo cuentan uno u otros y valorar nosotros mismos la situación. Algo que sucede ahora, y no antes. Qué curioso. Ahora nadie se contenta con leer solo una edición digital, y no es porque piense en el hecho de estar mejor informado, no. Es porque tenemos miedo de creer que nosotros mismos leemos las noticias de una manera tendenciosa. No queremos creer que nos encasillamos en una ideología, y buscamos otras opiniones con rapidez. Esto es muy nuevo.
Hace diez años nadie se preocupaba y decía alegremente qué leía cada mañana para estar informado. Hoy por hoy,nos encontramos casi con el tratar de ocultar cuál es nuestro primer enlace hacia la información, sentenciando con que “leemos varios periódicos” para que los demás consideren no solo que buscamos estar informados, sino que no nos tachen de estar vinculados a una ideología o parecer concreto. Con internet no solo hemos creado una herramienta útil de cara al mantenerse al tanto de todo lo que ocurre en el mundo, sino que al mismo tiempo nos hemos convertido en esclavos de esa misma herramienta. Ya no consideramos tener realmente la libertad de decidir qué leer, sino que leemos todo lo posible buscando un criterio propio que, en realidad, no hay. Porque ese criterio se ciñe al punto de vista más afín con nosotros. Por mucho que se diga que lees siete diarios, si el primero al que acudes es a El Mundo, por algo es. Del mismo modo que si tu primera elección es Público o ABC, pero luego queremos concienciarnos y estar tranquilos pensando que en realidad nos movemos muchísimo más, cuando no es cierto.
Internet es utilísimo, por supuesto. Pero hemos generado a la vez el querer generar una imagen no solo en la red sino fuera de ella, partiendo de la pantalla del ordenador. No me malinterpretéis, no se trata de una majadería del tipo “nos comen la cabeza con el ordenador, son los aliens”, no. Me refiero a que cuando tenemos una cantidad exacerbada de conocimiento, no la estamos aprovechando como es debido, y lo que impulsa a acceder a ella es el qué dirán de mí. Reflexionad, mirad atrás si leíais (o seguís leyendo) ediciones impresas y mirad cómo actuáis ahora. Si es así como si no, estaré encantado de saberlo.


